El resto del mundo rima de Carolina Bello

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Alguna vez leí a Piglia decir algo así como que un buen cuento tiene dos capas, la historia que está en la superficie y la otra historia, la que realmente aporta la significación al relato. Cuando terminé de leer “El resto del mundo rima” de Carolina Bello, la idea de Piglia me sobrevoló un tiempo – debo admitir que prolongado- sobre mi percepción del libro.

La historia que transcurre en lo que podría considerarse una línea temporal presente, narra los hechos a partir de un accidente de tránsito, donde los – pisar con extremo cuidado el plural – sobrevivientes terminan conociéndose y desarrollando cierta relación en el marco de un hospital. Andrés y Julia, Julia y Andrés. El plural puede resultar esquivo, porque el personaje de Julia se nos presenta delineado con aspectos espectrales. A través de estos encuentros, y principalmente de la percepción de Julia sobre los hechos, vamos deshilachando los hilos que construyen el presente y la autora nos revela dónde realmente subyace la importancia del relato: el pasado.

Es en el pasado, donde la autora edifica de forma soberbia la construcción de la trama a través de dos claves: recuerdo e identidad. A través de los recuerdos vamos a ir poniendo luz sobre los personajes, es a través de los recuerdos donde vamos a poder significar a estos personajes que atraviesan distintas clases sociales, pero que todos comparten ser algo díscolos. El recuerdo – y como contrapartida el olvido – construyen la identidad de nuestros héroes, sus miedos, el despertar sexual, el pulso de vida y muerte que empuja y apabulla.

La autora destaca en dos elementos que hacen que la historia fluya: por un lado la construcción de las imágenes, por otro los diálogos. Las imágenes que la autora logra – sobre todo en la descripción de este pasado que parece omnipotente, ineludible – son de una riqueza poética asombrosa y una fuerza narrativa abrumadora. El uso de la naturaleza para resaltar la dicotomía entre lo humano y lo no humano logra momentos maravillosos, donde aquella parece rimar estruendosamente y recordarnos que nosotros, los mortales, no.

Y los diálogos – ahhh, los diálogos -. Soy un convencido que ninguna historia – sin importar su idea maravillosa – se cae a pedazos sin la verosimilitud de los diálogos; es como ver una película argentina donde el porteño hable neutro. No es creíble.

Paréntesis: conocí a Carolina Bello a través de Oktubre – una nouvelle que utiliza elementos del disco de los Redondos para llevar la trama y que forma parte de una hermosa colección de la editorial Estuario sobre música rioplatense – y quedé asombrado por la construcción de los diálogos entre un porteño y una ucraniana que escribe en español. En esta novela, la autora conserva ese asombro, pero esta vez, el corte no es a través de lo foráneo, sino de lo social. Los diálogos atraviesan distintas capas sociales que se entrelazan y comunican pero siempre, parece estar presente la oralidad, ese ritmo urbano de voces que parecen caminar las calles de Montevideo.

Finalmente, un elemento que permea durante todo el relato: lo ominoso – yo prefiero el termino siniestro -. Esta idea popularizada en el ensayo de Freud y que hoy parece vibrar en muchas novelas contemporáneas, la autora lo trabaja y desarrolla de forma inquietante. Elementos como lo espectral, el hospital – que podría ser semejante a los viejos castillos góticos que poblaron las historias del s. XIX -, la idea del doble, la idea del único, son síntomas de una narración que trae la idea de lo ominoso como primordial, que busca a través de esta, el cuestionamiento de esos miedos identitarios que quizás entendemos superados pero que están ahí, expectantes, latentes.

El resto del mundo rima, es una novela que deja secretos sin revelar – la participación del lector es clave para cerrar (jamás se cierra) el círculo -, deja imágenes destinadas a permanecer, y sobre todo, deja, la convicción de que Carolina Bello es una de las voces más interesantes de la literatura uruguaya contemporánea actual.


Carolina Bello: (Montevideo, 27 de abril de 1983) es técnica en Comunicación Social, con un posgrado en Critica de Arte. Cursó la licenciatura en Letras en la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación (Universidad de la República). Ha colaborado en distintas publicaciones periodísticas uruguayas y extranjeras, y ha impartido clases sobre crónica narrativa en la Facultad de Comunicación. Publicó los libros Escrito en la ventanilla (2011), Saturnino (2013), Urquiza (2016, Premio Gutenberg de Literatura de la Unión Europea), Oktubre (2018, incluido en el programa de Literatura Uruguaya de la Facultad de Humanidades y mención en el Premio Nacional de Literatura del Ministerio de Educación y Cultura) y Un monstruo con la voz rota (2020). Fue coautora de Viejas Bravas (2017) y participó en diversas antologías de cuentos. En 2020 ganó la beca Justino Zavala Muniz para creadores con diez años de trayectoria en la categoría Letras, del Ministerio de Educación y Cultura de Uruguay.


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