El caminante de Natsume Soseki

Mi primer acercamiento al cine japonés fue a través de Akira Kurosawa en mi distante adolescencia. Los siete samurais. Recuerdo un plano amplio donde un pequeño hombre se fusiona con una naturaleza dominante en blanco y negro, recuerdo una sensación de asombro pero también de tranquila calma. Esto no es algo que me suceda usualmente, soy ansioso por naturaleza y también elección.Al leer El caminante de Natsume Soseki me transporté a aquel momento de asombro y calma.

El caminante fue escrito a comienzos del siglo XX a través de distintas entregas publicadas en el diario y su estructura es de 4 episodios: Amigo, Hermano, Después del regreso y Angustia. La delicada edición de Satori abre con una introducción de Carlos Rubio quien escribe que es una novela donde «no parece pasar nada», pero en ese «nada» subyace una belleza y una tensión escrita con una melódica cadencia.

La historia es narrada a través de Jiro Nagano que de forma oblicua nos cuenta la historia de la familia Nagano, principalmente la relación de Ichiro – su hermano, profesor e intelectual – y su esposa Nao. Estos tres personajes crean un triángulo de intrigas y expectativas, de silencios que comienzan ante el pedido de Ichiro quien al desconfiar de su esposa, le solicita a Jiro que ponga a prueba la fidelidad de Nao.

Esta historia fue escrita durante el período en el cual Japón transita el camino de occidentalizarse, en este choque de visiones es donde nace la tensión que existe durante el libro: tradición y modernidad, moralidad y orden social, y finalmente: identidad. El ritmo de la novela puede ser leído como parsimonioso, sin embargo es buscado, para desarrollar la incertidumbre de los personajes que buscan encontrar-se, en un mundo que se ha complejizado y luchan por encontrar puñados de felicidad. Estas escenas cotidianas son acompasadas por una naturaleza que parecen reflejar las tribulaciones de los personajes y con este telón de fondo es donde Soseki logra imágenes de una belleza y una sensualidad desbordante.

«Parecía que sucedían cosas, pero en realidad no pasaba nada. El invierno, aparentemente interminable aunque en realidad muy corto, las lloviznas, el deshielo y los vientos secos siguieron su curso predeterminado con monótona regularidad. Al final, desaparecieron.»

Otro punto interesante de observar es como Ichiro, intelectual reconocido, es un ser atormentado por su conocimiento, por su recurrente capacidad – o incapacidad – de abastraerse de una realidad y un sentir que es volátil y lo subyuga, hasta el derrumbe físico; especialmente la imposibilidad de comprender las necesidades de su mujer. Estos vacíos que se convierten en búsqueda, se mecen entre la frustración y la espiritualidad, entre la resignación y la apatía.

«-Jiro, esa es la razón por la cual quienes se sitúan del lado de la moralidad pueden parecer temporalmente victoriosos pero en realidad son los perdedores para toda la eternidad. Al contrario, quienes siguen sus instintos naturales pueden parecer perdedores temporales, pero serán los eternos ganadores…»

Como aquel adolescente perdido entre fotogramas, hoy, más grande y quizás menos creyente puedo afirmar que Natsume Soseki fue un bellísimo suspiro literario y una historia pequeña para sumergirse en persecución de un conmovedor impacto. 


Soseki Natsume  (Tokio – 1867 -196) fue el nombre escogido por el autor japonés Natsume Kinnosuke para firmar su obra literaria.

Soseki cambió los estudios de Arquitectura que tenía previsto por los de Lengua Inglesa en la Universidad Imperial de Tokio, trabajando a continuación como profesor de inglés en la Escuela Normal de Tokio y en la Matsuyama Middle School de la isla de Shikoku. Mediante una beca, marchó a Inglaterra para estudiar en la Universidad de Cambridge, si bien se dedicó durante tres años a leer en bibliotecas.

A su retorno, fue profesor de Teoría y Crítica Literaria en la Cátedra de Lengua Inglesa de la Universidad Imperial de Tokio. Comenzó a publicar relatos humorístico – satíricos en prensa, que recopiló en 1905, publicando al año siguiente su primera novela, que alcanzó gran éxito. Tras trabajar para el periódico Asahi Simbun, uno de los más importantes de Japón, se dedicó en exclusiva a la escritura.

De entre su obra habría que destacar títulos como Yo, el gatoKokoroDaisukeMon o El caminante.


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